Los mercados se hacen cada día más complejos, multiplicando la labor empresarial para operar adecuadamente en ellos. Por tanto, las empresas tienen que dedicar cada vez más recursos humanos y económicos para el control y gestión de su facturación, los procesos administrativos, la evaluación de riesgos y la búsqueda y tramitación de líneas de financiación que las liberen, entre otros aspectos, de tensiones de tesorería.
Todo ello se traduce en mayores costes de personal, esfuerzo y tiempo que escapan al objetivo prioritario de cualquier compañía: la mejora de su producción en calidad y cantidad y la ampliación de su mercado.
La subcontratación de determinadas actividades es la única vía para enfrentarse a esta situación. el Factoring, como actividad especializada, genera un amplísimo horizonte de posibilidades y consecuentes ventajas para las empresas que contratan sus servicios.
El Factoring se adecúa no sólo a la actividad y características específicas de cada empresa sino también a su ámbito de actuación sectorial, geográfico o en función de la dimensión y características de sus clientes.
El Factoring también se caracteriza por su flexibilidad a la hora de contratarlo, lo que permite combinar aspectos tales como: globalidad o sólo parte de sus ventas (facturas), destino o zona geográfica de las ventas, ventas de una determinada línea de productos, momento de pago de las facturas, financiación anticipada de todas o parte de las facturas, etc.